por Isabella Martín
Ochenta y seis años de vida no son fáciles de recordar, al menos para mí.
Hay días que me encuentro "como siempre" y otros aturdida y cansada. En estos, me cuesta seguir el ritmo habitual de mi existencia debido a los olvidos que aparecen espaciosamente en mi mente. Escuché que estos síntomas son el comienzo de algo que se irá agravando con el paso de los días. Por eso no puedo perder tiempo en descripciones. Me enfocaré en los rincones de la ciudad en la que vivo, porque fue en cada uno de ellos donde transcurrieron los momentos más significativos de mis largos años.
Mi nieto dice que las imágenes que vienen a mi cabeza duran sólo diez minutos, por lo tanto no puedo demorarme mucho en escribir estas líneas. Trataré de recordarlo todo y poder expresarlo brevemente.
Nací en la capital de Mendoza, en el hospital Lagomaggiore. La debilidad con la que nací obligó a mis padres a dejarme unos días allí en observación, de manera que ese fue mi primer hogar. Lo superé rápido, soy una persona fuerte y amo la vida. Al mes mis defensas eran suficientes para irme a casa.
Siempre viví en calle Boulogne Sur Mer, a dos cuadras del Parque General San Martín. Durante toda mi vida sentí una gran debilidad por el ordenamiento espacial dinámico, rico en perspectivas, de este gran espacio verde de mi hermosa ciudad.
El 5 de abril de 1955 me enamoré. Todo ocurrió enfrente del lago. Era otoño y la arboleda amarilla rodeó ese momento único, el que todavía recuerdo detalladamente. Pero no me extenderé más en esto, pues faltan tres minutos para que mis recuerdos se transformen en una nebulosa.
Las imágenes que vienen a mi cabeza, vienen en forma de fotografía, estáticas, es decir, sólo puedo retener las cosas por pocos segundos y en forma de postal. Mi edad no me permite más que eso.
Recuerdo el día de mi boda como si fuese hoy. Me casé en la Parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás, donde ahora está la maravillosa Peatonal Sarmiento. Las anécdotas más divertidas se las lleva este impecable lugar, en donde todos los jueves por la noche, me reunía con mis amigas de la infancia a hablar hasta altas horas de la noche.
Ahora me encuentro sentada frente al lago del parque; lugar donde me enamoré.
Se me ocurrió escribir esta breve historia mientras veo cómo juega a la pelota Gaspar, mi nieto, en el infinito verde de este lugar que tanto ha crecido con el paso de los años. Ahora quiero seguir disfrutando de él, el tiempo de recuerdo termina. Mañana sé que regresarán mis diez minutos y allí podré continuarles mi historia...