En marzo de 1863, dos años después del terremoto que destruyó la antigua ciudad de Mendoza, el ingeniero Jerónimo Ballofet y Eusebio Blanco proyectaron la nueva ciudad con calles amplias y rectilíneas, y en ese proyecto se incluyeron cinco plazas simétricamente ubicadas. El decreto del 4 de abril de ese año rezaba: "Las plazas laterales a la central de la Independencia, su denominación: la del nordeste, Cobo; la del noroeste, Chile; la del sudoeste, Lima: la del sudeste, Montevideo".
En 1872, durante la administración de Arístides Villanueva, se abrieron nuevas calles: la actual Gutiérrez (antes La Paz); Perú y las otras que hoy conforman los límites de la plaza Chile: Necochea y 25 de Mayo.
Por un acuerdo municipal del 5 de octubre de 1883, siendo presidente municipal Joaquín Villanueva, la plaza Chile cambió temporalmente su nombre por el de San Martín, ya que no había en Mendoza ninguna plaza que llevara el nombre del Libertador, apareciendo así en el catastro de la "Ciudad Nueva" en el plano de 1885, conservando este nombre hasta 1904. En junio de 1904, durante el gobierno del doctor Carlos Galigniana Segura, al inaugurarse la estatua del general San Martín en la hoy plaza homónima, se le dio el nombre de Cobo a la actual plaza Chile. El paseo recobró definitivamente esta denominación en 1920.
Por entonces, las construcciones que rodeaban la plaza eran como las del resto de la ciudad, bajas por lo general, con grandes caserones de pisos de ladrillos y patios cubiertos por gran vegetación.
En enero de 1895 se produjo una intensa lluvia que derivó en un gran aluvión que sumió en el barro a todo el sector conformado por la calles Gutiérrez, Godoy Cruz, Belgrano y Chile. La plaza quedó tapada por el lodo, situación que se reiteró poco después con un segundo aluvión ocurrido en febrero. A raíz de los daños causados por el fenómeno, muchas casas fueron reconstruidas, empleándose ya sistemas más modernos de construcción.
La década de 1910 significó grandes adelantos para la Ciudad de Mendoza, que comenzó a tener luz eléctrica en sus calles y plazas, los primeros automóviles de alquiler y el inicio del tendido de vías para los tranvías eléctricos (1912).
Durante muchísimos años, plaza Chile fue una estampa cotidiana para quines circulaban por allí a bordo del tranvía. Al comienzo, las vías pasaban por dos de las calles que rodean la plaza Chile, Necochea y Perú. Más tarde, la línea 3 comenzaba el recorrido en plazoleta Barraquero y proseguía por Ayacucho, Salta, Tucumán, San Martín, General Paz, Ferrocarril Pacífico, Necochea, San Martín, plazoleta Barraquero. La 4 circulaba por las calles Necochea, Buenos Aires, José Federico Moreno hasta Tucumán, San Martín, General Paz, Perú, plaza Italia, Montevideo, Patricias Mendocinas, y regresaba por Necochea.
Pocos hechos especialmente notables están vinculados a esta plaza. Tan sólo se recuerda que el 31 de Agosto de 1925, la gente se agolpó en la esquina de Gutierrez y Perú para ver pasar al maharajá de Kapurtala, según dicen, el único rey en ejercicio que visitó nuestra ciudad. La memoria urbana también registra que por allí pasó Carlos Washington Lencinas poco antes de su asesinato, ya que había descendido del tren y fue acompañado por una multitud en su recorrido por Villalonga, Las Heras, Necochea, hasta España, donde se encontraba el Círculo de Armas.
Desde hace mucho tiempo, plaza Chile es el escenario natural de los festejos de la Independencia del vecino país. Por lo demás, ofrece un ambiente apacible, donde llegan atenuados los sonidos de los automotores y donde llama la atención el tamaño que han cobrado algunos ejemplares arbóreos, como el magnífico aguaribay que hace guardia en el centro de la plaza.
En el entorno de la plaza hay varios hoteles, una estación de servicio, alguna casa señorial y varios edificios. En la esquina de Perú y Necochea se destaca el edificio del Consulado de Italia, obra realizada por Constructora Andina en los años 20 del siglo pasado, época en que se desarrollaba la entonces novedosa tecnología del cemento armando.
Otro edificio notable es el del Colegio María Auxiliadora, cuya parte posterior da hacia calle Necochea.
En 1947 la plaza Chile fue objeto de una remodelación. En el costado sur, hacia la calle Gutiérrez, se levantó un magnífico monumento obra del escultor chileno Lorenzo Domínguez, que simboliza la amistad y hermandad entre Argentina y Chile, representada en las solemnes y vitales efigies de los dos libertadores, San Martín y O'Higgins, cuyas manos derechas están unidas sobre el pomo de una espada.
El grupo escultórico fue plasmado en un solo bloque de piedra de 22 toneladas traído de la Quebrada del Toro, y fue inaugurado el 18 de mayo de ese año, siendo gobernador Faustino Picallo e intendente municipal Jorge Isaac Segura.
El monumento presenta detalles especiales, como por ejemplo que en el costado derecho - mirando de sur a norte - está esculpida la estrella que representa al vecino país, en tanto que en el izquierdo está el escudo argentino.
Al frente de la obra puede leerse: "Amistad inmortal - O'Higgins -San Martín- Argentina -Chile". Hay, además, una placa recordatoria frente al monumento, en su costado norte, hay un mástil envuelto en una escultura de laureles obra del artista José Carrieri. Detrás, en un plaquetario, que ha sido objeto de vandalismo, una desleída placa recuerda la tragedia de Alpatacal.