por Liliana Valverde
Casi en nuestros días 1978 un sujeto ataviado con una suerte de sayal de fondo blanco y vivas tonalidades impresas a mano. Sobre esa atípica vestimenta con el aditamento de una pata de mesa a modo de báculo y una gran pelota amarilla, melena cana revuelta, ojos azules intensos, era una figura clásica del centro de la Ciudad. Siempre muy limpio, pulcro, sobrio, entablaba diálogos directos con Dios en las esquinas más transitadas. En Montevideo y San Martín jugaba al fútbol, con una leyenda de ese deporte Víctor Legrotaglie y otros compañeros de su equipo.
Era invitado permanentemente al desayuno por el dueño del ex café Gargantua de Rivadavia y San Martín, Julio "El Negro" Castillo. Se sentaba en un sillón tipo trono reservando a los ex clientes de la gran sastrería "Jomir". A la gente de su simpatía, a sus amigos de la calle le regalaba acuarelas por él pintadas.
Alguien en una mañana lo asesinó sin motivo. Considerado un "canto a la libertad" en tiempos de represión, su muerte generó poesías y hasta una obra de teatro. Se llamó Osvaldo Noceda Armani.
Juan Gualberto Godoy fue además de periodista, poeta y narrador, uno de los grandes payadores de la Argentina. Perseguido por su postura política adversa al gobierno de aquel entonces, emigró hacia la provincia de Buenos Aires donde instaló una pulpería. Según algunos estudiosos, la misma donde Santos Vega paya contra el diablo. Se dijo, se dice, ese payador casi invencible en la lid con Santos Vega fue Juan Gualberto Godoy.
Un maleante, con los atributos de Robin Hood o de Salvatore Giuliano (robaba a los ricos y ayudaba a los pobres), que tuvo a maltraer a la Ciudad a fines del siglo XVIII. Se movía por barrios de extramuros y se convirtió en una leyenda aún en vida. Abatido por una comisión policial, sepultado en el cementerio de Capital. Adquirió fama de "santón" y su tumba es todavía lugar de peregrinación.
Amigo dilecto de San Martín, ansiaba volar. Se fabricó unas alas y se lanzó de lo alto, obviamente con resultado negativo. Resultó lesionado. Hay quienes lo consideran, no obstante lo fallido de su intento, uno de los antecesores de la aviación.
La historia del Quijote mendocino Corro, rescatada por el poeta Juan Gualberto Godoy y traducida en un libro que refleja la rebeldía de ese ex soldado de San Martín.
La historia de la fuente. Era el surtidor de agua de la pequeña Ciudad de Mendoza. El líquido venía desde la cordillera, desde una surgente que aún calma la sed de los mendocinos: Puesto Frías.
La Fuente, que aún se conserva por debajo del nivel de la plaza Pedro del Castillo, es un valioso patrimonio de nuestra historia.
Un hombre hablaba con acento francés días antes del terremoto de 1861 en los puntos más concurridos de la antigua Ciudad. Anunciaba estentóreamente el advenimiento de un gran sismo. Nadie le creyó. Un día antes de la catástrofe, desapareció del lugar. ¿Era un vidente? ¿Existió realmente?